Bueno, como ya muchos os habreis enterado, ya se encuentra disponible el número 7 del fanzine dedicado íntegramente a Aquelarre, Dramatis Personae. En esta ocasión, ya bien entrada la tercera edición, nos encontraremos un módulo escrito por Albert Tarrés (blogmaster de Akelarredvanced) entre los 5 (!!!) que nos presentan en este número.
Pero, en esta ocasión, este número es muy especial para mí, ya que contiene varios artículos bastante especiales: Capaña Novelada y Aquelarre in Itinere, escritos por mi buen amigo y máster Manuel Morán Arias, cuable de que Íñigo sea quien és, y responsable de que el Aker Codicem surgiese y sig adelante, tanto el códex original como este blog.
Asique, no espereis más, podeis descargaros este número AQUÍ
15 de agosto de 2011
13 de agosto de 2011
Facultatem discendi et errata corrigere
La mayoría, antes de lanzarnos de cabeza a la aventura de dirigir, hemos sido jugadores y hemos bebido de otros Directores, Masters, Narradores o cómo nos refiramos a ellos. También algunos hemos probado infinidad de juegos, sistemas, ambientaciones... Y todo ha ido dejando un poco de huella en nuestra forma de organizar y ver el rol desde un punto de vista más personal y propio. Así, de todas las ambientaciones que, en mi caso particular, he ido probando, de Vampiro y su sitema narrativo me quedé con la necesidad de que existiera "una historia más allá" de la existencia de los personajes, el por qué de sus vidas hasta que fueron suplantados por los personajes; de mi odiado y amado D&D me guardo el requisito imperativo de la cohesión del grupo y de la función específica de cada personaje; de los juegos d% me baso en la necesidad de lo simple y realista de un sistema; de los juegos e investigación como La Llamada o DH es imprescindible el planteamiento lógico, desarrollado y escalonado del problema...
Y así podría seguir durante horas.
Pero es de los otros Directores de dónde más acabamos guardándonos cosas, porque bien es cierto que cada mástercillo tiene su librillo (que suele ser siempre el manual básico del juego de turno que dirija), pero esto es como todo, y acabamos influenciados siempre por terceras personas, quedandonos o no con la parte que nos guste.
Pero es aquí donde se puede hablar de conflicto. ¿Está el máster obligado a seguir concienzudamente todo a lo que se refiere el libro del juego de turno? Muchas veces nos encontramos con contradicciones o elementos que creemos innecesarios en los manuales, o incluso "actualizaciones" que nunca fueron necesarias bajo nuestro punto de vista. Y es aquí donde el Director de juego, al igual que el director de una orquesta puede realizar cambios en la partitura del Requiem de Mozart para adaptarlo a sus necesidades, puede realizar cambios en las reglas del juego para agilizar y facilitar la partida. Por supuesto estos cambios no pueden ser completamente arbitrarios y, en su mayoría, deberían ser ratificados por los jugadores, pero también hay decisiones que deben ser tomadas unilateralmente por el Director. El problema está en cuándo se pueden tomar esas decisiones.
Tantos años de juego van creandote una forma personal de llevar las partidas, alterando las cosas para facilitarte la dirección, o mejorar la historia que pretendes contar.
Es por esto que, a pesar de jugar jugar con la última edición de Aquelarre hay ciertas cosas que, o bien autolimito o cosas que me "desactualizo" empleando sus versiones anteriores.
Así, a pesar de que se cambiaron lso sistemas de medida, peso capacidad etc, yo seguiré empleando los sistemas decimales, sobre todo para facilitar las cosas a jugadores y a mí mismo (aunque esto implica un trabajo de conversión del copón); del combate, me limito a las acciones de la segunda edicón (ataque doble, ataque simple, defensa y defensa total) porque me gustan más, simplemente; como se suele decir, la perfección no existe, por eso limito hasta el 80% de máximo en la mayoría de habilidades (lo cual considero un porcentaje con un nivel de probabilidad bastante alto) salvo, a lo mejor, algunas habilidades de conocimiento; que las habilidades primarias sean 3xCar me parece una burrada (porque nada más empezar ya llegas facilmente al 80%) asique con unos pequeños ajustes se quedan a 2xCar y el cambio no es tan significativo... Y así con algunas cosas.
Pero esto no hace que la actusl edición fuese una mala edición, al contrario, me parece todo un logro y una facilitación inmensa del trabajo a muchos directores el hecho de reunir tanta información publicada en docenas de suplementos, en uno solo.
Por no hablar solo de Aquelarre, diré que, en La Marca del Este, me he quedado con la ambientación, pero muchas cosas del sistema las he modificado para que se pareciera a D&D 3.5.
Pero, como dice el título de esa entrada, tantos años metidos en este mundillo me ha permitido tener la facultad de aprender de todos estos años y corregir lo que pueda considerar errores o cosas que no se ajustan a mis necesidades.
Por cierto, hoy es mi cumpleaños ;) caen 21 primaveras
Y así podría seguir durante horas.
Pero es de los otros Directores de dónde más acabamos guardándonos cosas, porque bien es cierto que cada mástercillo tiene su librillo (que suele ser siempre el manual básico del juego de turno que dirija), pero esto es como todo, y acabamos influenciados siempre por terceras personas, quedandonos o no con la parte que nos guste.
Pero es aquí donde se puede hablar de conflicto. ¿Está el máster obligado a seguir concienzudamente todo a lo que se refiere el libro del juego de turno? Muchas veces nos encontramos con contradicciones o elementos que creemos innecesarios en los manuales, o incluso "actualizaciones" que nunca fueron necesarias bajo nuestro punto de vista. Y es aquí donde el Director de juego, al igual que el director de una orquesta puede realizar cambios en la partitura del Requiem de Mozart para adaptarlo a sus necesidades, puede realizar cambios en las reglas del juego para agilizar y facilitar la partida. Por supuesto estos cambios no pueden ser completamente arbitrarios y, en su mayoría, deberían ser ratificados por los jugadores, pero también hay decisiones que deben ser tomadas unilateralmente por el Director. El problema está en cuándo se pueden tomar esas decisiones.
Tantos años de juego van creandote una forma personal de llevar las partidas, alterando las cosas para facilitarte la dirección, o mejorar la historia que pretendes contar.
Es por esto que, a pesar de jugar jugar con la última edición de Aquelarre hay ciertas cosas que, o bien autolimito o cosas que me "desactualizo" empleando sus versiones anteriores.
Así, a pesar de que se cambiaron lso sistemas de medida, peso capacidad etc, yo seguiré empleando los sistemas decimales, sobre todo para facilitar las cosas a jugadores y a mí mismo (aunque esto implica un trabajo de conversión del copón); del combate, me limito a las acciones de la segunda edicón (ataque doble, ataque simple, defensa y defensa total) porque me gustan más, simplemente; como se suele decir, la perfección no existe, por eso limito hasta el 80% de máximo en la mayoría de habilidades (lo cual considero un porcentaje con un nivel de probabilidad bastante alto) salvo, a lo mejor, algunas habilidades de conocimiento; que las habilidades primarias sean 3xCar me parece una burrada (porque nada más empezar ya llegas facilmente al 80%) asique con unos pequeños ajustes se quedan a 2xCar y el cambio no es tan significativo... Y así con algunas cosas.
Pero esto no hace que la actusl edición fuese una mala edición, al contrario, me parece todo un logro y una facilitación inmensa del trabajo a muchos directores el hecho de reunir tanta información publicada en docenas de suplementos, en uno solo.
Por no hablar solo de Aquelarre, diré que, en La Marca del Este, me he quedado con la ambientación, pero muchas cosas del sistema las he modificado para que se pareciera a D&D 3.5.
Pero, como dice el título de esa entrada, tantos años metidos en este mundillo me ha permitido tener la facultad de aprender de todos estos años y corregir lo que pueda considerar errores o cosas que no se ajustan a mis necesidades.
Por cierto, hoy es mi cumpleaños ;) caen 21 primaveras
9 de agosto de 2011
De Ars Venandi cum Canibus et Avibus
La caza fue una de las principales actividades de la Edad Media. Ya fuera por deporte o por necesidad, la caza la practicaban tanto nobles como el pueblo llano.
Dentro de la Caza como deporte, destaca en la Península la llamada Montería Norteña, que se desarrolló en la mitad norte de la península (Galicia, Asturias y Cantabria) coincidiendo con el periodo del reino Astur-leonés. Consistía en la caza de grandes bestias (principalmente osos y jabalíes y lobos en Galicia) con ayuda de sabuesos.La forma más común de practicar la montería era la caza del jabalí a traílla. Los nobles iban a caballo armados con lanzas generalmente, acompañados por sus monteros a pié portando a los perros con la traílla (una cadena de metal de varios metros que se enganchaba al cueñño del animal para que no escapara, pero dejándole bastante margen). Se buscaba el rastro del animal durante la noche y, una vez hallado, los perros se encargaban de seguirlo hasta el lugar donde la bestia se encontraba durmiendo. Una vez encontrada a la bestia, se soltaba a un grupo de perros (entre 2 y 10) que, sin atacar al animal, lo perseguirán hasta atraerlo al lugar donde se encuentre uno de los cazadores escondido listo para abatir al animal una vez fuese atraído por los perros.
Las batidas de caza solían componerse entre 10 y 20 hombres armados con arcos y/o lanzas y con un total de entre 5 y 15 perros. Normalmente las cacerías se empezaban al amanecer y se volvía a las ultimas horas de la tarde. Cabe mencionar que la ballesta se ideó como arma de caza en el siglo IX a los habitantes de la isla de Mallorca.
Existen numerosos textos sobre el arte de la montería cómo actividad. Entre ellos destacan el Código de Monterías, escrito en 1180 por Sancho VI de Navarra; Los apartados 16 y 17 del Fuero Real de Alfonso X que dicen “no se tomen los animales salvajes mientras el cazador vaya tras ellos”, así como en el Código de las Siete Partidas donde define la caza cómo “la caza es el arte o sabiduría de guerrear y de vencer”; además, tanto en el Código cómo en numerosos Fueros de las diferentes regiones (la mayoría copiados tal cual del Fuero Real) defendían que la fauna de caza, en terrenos de propiedad privada, eran pertenencia exclusiva del dueño de la finca.
Dentro de la Caza de Montería, se engloba la denominada cetrería, una modalidad de caza muy particular, cuyos orígenes se remontan a tiempos de Genghis Khan. Se trataba pues de la caza de pequeños animales mediante el uso de aves entrenadas para ello. Aunque en origen era un medio de subsistencia, la cetrería se fue especializando hasta convertirse en un deporte de nobles en la Europa del Medievo.
La caza con aves fue importada a la Península por los visigodos, que la traían de tierras germanas. La cetrería se impuso en su forma más primitiva, siendo practicada en la modalidad de Accipíteres (con Azores y Gavilanes). Este tipo de caza consiguió hacerse con una importancia tal que, de hecho, “azor” deriva del latín “astur” o asturias que significa tierra de azores (en referencia a los famosos azores asturianos) y la palabra “cetrería” de “acetrería” término medieval con el que se designaba al “acetrero” o “azorero” que practicaba el bajo vuelo .Con la invasión Musulmana de a Península, se incorporaron mejoras que permitieron el desarrollo de la cetrería. Se trataba de la incorporación de ciertos elementos como la caperuza (vital para el adiestramiento de las aves) o el uso de nuevos tipos de ave como el Halcón (que acabaría imponiéndose como raza por excelencia para la caza).
Y es que la preparación de un ave para que pudiese ser empleada en la caza suponía un desembolso importante y varios años de entrenamiento del animal. Así, el precio por el rescate de un ave cuando era capturada en una contienda podía ser superior al rescate de 500 prisioneros. Otro ejemplo es una fazaña de Ávila por la cual, se castigaba a un campesino a ser desollado y puesto al sol por haber matado con una ballesta al ave favorita del Señor de Ávila (en defensa del campesino hay que decir que el halcón se estaba llevando una de sus gallinas y el pobre campesino lo creía salvaje)
La edad media se considera la edad de oro de este arte, y es muy común encontrar referencias a las aves en los textos de la época. Así, se sabe que se pagó un Azor por la independencia de Castilla, o incluso en el Cantar del Mío Cid se dice que éste lloró cuando sus aves fueron soltadas antes de su destierro. También en "El Conde Lucanor" encontramos referencia a un cetrero del infante. Otros ejemplos de escritos acerca de la cetrería son las Partidas de Alfonso X o el “De arte venandi cum avibus”, un tratado del emperador Federico II Hohenstaufen del siglo XIII compuesto de seis libros y que se considera uno de los mas extensos e importantes tratados de cetrería.Incluso se podía adivinar la categoría del hombre dependiendo del tipo de ave que portara. Así nos encontramos con que el Halcón Gerifalte era portado por un Rey; si, por el contrario, portaba un Peregrino se trataba de un Conde; un Azor era símbolo de un burgués venido a más; si estábamos ante un sacerdote, posiblemente llevaba consigo un Gavilán. Por el contrario, los campesinos y peones empleaban aves de presa para llevar sustento a sus casas, a pesar de que estaba prohibido ya que la práctica se reservaba a la nobleza.
Era común que se combinasen la cetrería y la montería ya que la complicidad y el tiempo que suponía el rastreo de la presa de montería permitían que se volasen las aves por ser una caza más espontánea.
Cabe destacar la figura del cetrero y el montero, quienes se encargaban de entrenar y preparar a los respectivos animales del noble en cuestión. Normalmente se trataba de villanos que contaban con el favor de su señor para el trato de los animales y que disponían del privilegio de la caza exclusivamente para su labor con aves y perros, aunque se le permitía su sustento con las piezas ganadas.
28 de julio de 2011
Comenzando con cosas serias
En su día ya comenté mi intención de ponerme a hacer modulos y campañas para diferentes juegos de rol, pero como siempre, los proyectos se van quedando por el camino, bien por falta de tiempo o por falta de ganas... o por pereza mismamente.
Pero por suerte haceya un par de días que me puse manos a la obra y estoy montando un módulo para Aquelarre. De momento algo sencillito, de una sesión y sin mucho quebradero de cabeza, pero creo que de momento la cosa no va mal. Eso sí... no pensaba que llevase tanto tiempo (ayer me pasé la tarde mirando historia de elementos arquitectonicos Toledanos del siglo XIV... lo normal que se suele hacer un día de Julio vamos...).
Por ahora la cosa va a buen ritmo, ya está casi acabado de escribir y ya tiene lgunos PNJs creados. Solo falta montar el final y encargarme del maquetado (lo cual no tengo ni idea, pero a jugar se aprende jugando) asique en cuanto haga el testeo la subiré al blog, a ver que tal. Según como salga l cosa y la aceptación que tenga, tengo ya pensados otro modulos de aquelarre que, currandomelos un poco, podrían acabar formando una campaña, pero todo depende de como salga este y de como vaya con la universidad...
Y ambiando de tercio, mañana terminamos la campaña "Cuando el viento aúlla" de Aquelarre, que empezamos hace ya más de un año (jugamos de pascuas a ramos) y que he ido narrando por aquí. Aunque todavía me falta por subir más de la mitad de la campaña, voy a esperar a acabarla para así poder machacarla toda de golpe. Todavía falta todo lo relacionado con Caridad, Parrak y Estuch, asique si estais atentos en unas semanas lo montaré todo debidamente. También me queda pendiente relatar El Enclave para la marca, pero parece que el grupo con el que comencé (que solo dio para montar fichas y una brevisima introduccion) no son muy aficionados al rol (normalmente es el grupo con quien quedamos para juegos de mesa) asique si narro, lo haré con la que monte en la facultad, pero se narará (asi además me puedo hacer con la segunda parte y jugarla).
En fin, que toca ponerse serios y empezar a hacer las cosas bien.
Salud y Rol
Capitulae:
Aquelarre,
La Marca del Este,
Off Rol
26 de julio de 2011
Ironclad (Templario)
Hoy (ya ayer por las horas que son) tenía pensado subir algo de info acerca del mito Xacobeo y su historia debido a las fechas en la que nos enconamos (escribo esto a las 0:09 del 26 de Julio) pero me ha sido imposible poerme... Pero he podido aprovechar para ir al cine a ver la última de Johnathan English: Ironclad. Y me refiero a la película por su título en inglés (Ironclad- Acorazado) y no por su adaptación en España (Templario).Pero antes de irme al tema de la crítica, voy a centrarme un poco en la trama y su contexto histórico:
Inglaterra, el 15 de junio de 1215, después de una rebelión, el Rey Juan de Inglaterra, es obigado por los Lores (y la orden Militante del Temple) a firmar la Carta Magna, según la cual, se comprometía a salvaguardar los derechos y libertades de sus súbditos (recordemos que el rey Juan, conocido como Juan sin Tierra, era el hermano de Ricardo Corazón de León -asique sí, es el "malo" de Robin Hood- cuyo reinado se caracteriza por su despotismo, sus excesos y sus continuas derrotas frente a Francia). El texto, era un hecho insólito en aquella época ya que suponia que aquellos que debían ser fieles al rey, delimitaban su poder frente a ellos mismos.
Por esta mism razón, en cuanto Juan de Inglaterra pudo reunir un ejército lo suficientemente grande (entre el mismo contaba con cerca de 1000 mercenarios Daneses y con la bendición Papal para recuperar su reino) como para arrasar con las tropas de la rebelión, se negó a seguir lo estpulado en la Carta Magna y se enfrentó a los Lores que le hicieron firmar el texto, comenzando así la Primera Guerra de los Barones (1215-1217). Entre esos Lores se encontraba Lord Beckett que encabezaba la Rebelión (respaldado por el Obispo de Canterbury) que se atrinchera en el castillo de Rochester (Proiedad de Lord Reginald de Cornhill) para retener a Juan hasta la llegada del rey francés (que ostentaba la corona británica respaldado por los rebeldes).Este es el marco histórico en el que se encuadra la película, que narra (muy libremente) el asedio al castillo de Rochester.
La historia comienza con la llegada de Juan y su ejército a un castillo en el que el protagonista, Thomas Marshall* (James Purefoy), un caballero Templario, junto a otros dos miembros de la orden (los tres han hecho voto de silencio) y el abad que los guía hasta Canterbury. Como parte de la venganza hacia la orden por obligarle a firmar la Carta, Juan acaba con la vida del abad, con lo que Marshall decide hacer pagar al monarca por ello. Después de contactar con el Obispo de Canterbury y con Lord Beckett se decide comenzar la rebelión de nuevo mientras el Obispo pide ayuda a Luis de Francia. Tras reunir un grupo de hombres entre mercenarios y ladrones (todos leales a Beckett) se ponen en camino hacia Rochester (que supone una piedra angular para la conquista de todo el sur de Inglaterra como centro de abastecimiento al resto de guarniciones repartidas por la isla) donde podría considerarse que hacen prisionero a Lord Reginal, para que no entregue la plaza fuerte a Juan. A partir de este momento la historia se centra en el combate por la toma del emplazamiento hasta la llegada de las tropas francesas.

Antes de nada hay que decir que no se trata de una superproducción hollywoodiense, mas bien es una película británica con escaso presupuesto, pero aprovechado de la mejor manera que les era posible.
Técnicamente no da mucho de sí la película, lo más destacable es la grabación con la cámara en movimiento (cosa nada nueva) pero que hay momentos en los que se hace completamente incómodo y es dificil distinguir bien la escena (especialmente durante los combates). También hay que hablar de la escasez de escenarios en los que se desarrolla (apenas hay 3 conjuntos de decorado: El castillo del comienzo; Canterbury y Rochester) siendo el castillo asediado el más explotado (y explorado) durante las cerca de dos horas de película. Quizás tambien mencionar un salto cronológico en mitad del asedio (justo lo que sería la falta de alimentos y de abastecimiento) de tres meses en la que una voz en off que no aporta, sino que te saca de la película al estar poco más que cogida con alfileres.
En cuanto al argumento: simple pero efectivo. El tema de los asedios en el medievo es algo a lo que la gran pantalla recurre a menudo, pero en este caso se pierden los intentos de dar un tono épico a la historia, mostrando la crudeza real del mismo. Pero, como siempre, el director se ve obligado a incluir una trama amorosa (que se desarrolla entre el Protagonista y la esposa de Lord Reginal, el señor del castillo) que, especialmente en esta película, no hace más que meter paja en la trama sin aportar nada a la historia principal.
Lo relativo a los decrados, vestuario y puesta en escena tiene un buen trabajo y es, quizá, lo que le da puntos a la película. Refleja una edad media muy real y cruda, a años luz de las películas de caballeros coloristas de los años cincuenta. Sobre todo en lo relativo al asedio se ve perfectamente el uso de trabuquetes, manteletes y pez hirviento; la construcción de torres de asedio, o el recurrir a los fuegos de zapador y a la tortura pública de prisioneros (especialmente los de alto rango). Además se muestra perfectamente cómo el mayor problema para los asediados no era el ataque en sí, sino el tiempo de asediado (falta de comida, agua, material de reconstrucción, el cansancio etc). Por último me ha sorprendido ver por primera vez el uso de diversas armas además de las típicas espadas, hachas o arcos, se pueden ver a menudo mazas, martillos de caballería, lanzas, venablos y hasta mayales (y que se ve cómo los miembros no se amputan de un solo corte, sino despues de media docena). Hay una escena bastante llamativa en la que el templario intenta afilar su espada mellada (la primera vez que se ve un filo mellado en todas las peliculas que he visto) con una cota de malla a falta de piedra de afilar (que, por cierto, también es la primera vez que veo una cota de malla dañada y oxidada en el cine) pero que se echa a perder en el momento en el que esa Claymore de templario se convierte en una espada mágica+20 que hace dos escenas estaba destrozada y que en un instante pasa a partir a un hombre desde el cuello hasta la cintura o los siempre recurrentes carcajs mágicos de munición infinita.
Lo poco que se ha conseguido con la ambientación se echa a perder de nuevo por los personajes tan poco desarrollados. Especialmente el caso de Marshall, que desde el principio su presentación es más que mediocre, como un caballero que llega de las cruzadas y que va a ser "liberado" de sus votos (los votos de las ordenes eran vitalicios, irreversibles e irrenunciables) con un atuendo completamente inapropiado (un tabardo blanco con una cruz romana en rojo, cuando el emblema de la orden del Temple era la cruz de Malta) y con un voto de silencio el cual no sabemos de donde viene (en principio dicen que por "las artrocidades cometidas en las cruzadas" pero no se dice más, dejandonos completamente igual que si no nos lo hubiesen dicho) y que romple con la misma facilidad con la que luego acaba rompiendo su voto de castidad mientras que, por el contrario, mantiene hasta el final su obligación de que el caballo muera en batalla y no poderselo comer cuando no tienen ya alimentos. Además nos encontramos con una Señora que viste un escote que en aquella época se la habría tachado de ramera (además de por llevar el pelo sin recoger) en el mejor de los casos y que habla de su no-vida en la cama marital con una naturalidad surrealista (y que además se pasa toda la película intentando seducir al templario, lo que acaba haciendose pesado y sobrante), pero por suerte y por primera vez escucho en una película los matrimonios por conveniencia y oro y la no existencia de vida conyugal más allá de lo estrictamente necesario (Noble viejo y medio senil que se casa con una mujer de apenas 20 años por petición real a cambio de oro y derechos).![]() |
| ¡¡¡Tápate Impúdica!!! Se te ven los Hombros |
*nombre otorgado en un ataque de originalidad: Marshall es una adaptción de la traducción de Mariscal al inglés, siendo el Mariscal el mayor rango dentro de la Orden del Temple
21 de julio de 2011
Black Death
Bueno, hoy os traigo una película, más bien una lástima de película porque es una de esas cintas que nunca llegan a nuestro país (recordemos Mi Vecino Totoro, estrenada casi 20 años despues). La plantilla está bastante bien, por un lado tenemos a Sean Bean (venga... ¿quien no lo conoce ya?, Eddard Stark en GoT, Boromir en ESDLA etc... este tío cada vez que se enfunda en una armadura triunfa) en el papel de Ulrik; Eddie Redmayne (Jack Jackson en Los Pilares de la tierra) como Osmund y Kimberley Nixon como Averill.
La cinta se estrenó en Junio de 2010, pero apenas pasó la frontera británica, asique nos quedamos sin Peste negra, sin Sean Bean y sin una película bastante realista en cuanto a la ambientación, vestuario, escenarios... Aun así, por suerte existe internet y conseguí hacerme con ella y verla. Y con un poquito de maña con google podeis encontrarla facilmente.
Y qué mas decir... simplemente que me ha encantado y os la recomiendo a todos sin duda, pero para que vayais haciendo boca, os dejo aquí un poco de qué trata:
La trama se desarrolla en plena baja edad media británica donde, en el año 1348, la peste negra (Black Death, de ahí el título) ya es una pandemia de escala considerable de la que pocas aldeas se salvan de sus efectos ientras los sacerdotes hablan de un castigo de Dios por los pecados de los hombres.Así, la peste llega a los propios muros del monasterio en el que es novicio Osmund con la muerte de un hermano y encontrarle los pertinentes bubones en las axilas. Osmund consigue advertir a Averill, su amante, del peligro que corre en la aldea que rodea el monasterio y consigue persuadirla para que se esconda en el bosque de Dentwich a pesar de la negativa de esta o las invitaciones que le hace para huir con ella. Finalmente Averill decide esperarle hasta mediodía en la Cruz de las Mártires, en e lbosque, durante una semana para encontrarse si Osmund decide abandonar el monasterio.
Esto desencadena una crisis de fé en Osmund que finalizará con la llegada de Ulric, un caballero enviado por el obispo, al monasterio, pidiendo un guía para adentrarse en Dentwich en busca de una aldea a la que, dicen, que la peste no ha llegado. Despues de las negativas del abad a enviar a un hermano, el joven Osmund interpreta la aparición de Ulric como un signo divino, con lo que se ofrece a hacer de guía por Dentwich y los pantanos, aunque su propósito es encontrarse con Averil y abandonar el claustro.Cuando Osmund llega al campamento de los hombres de Ulric descubre que él mismo ha sido víctima de un engaño, varios hombres armados y una jaula de tortura tirada por dos bueyes delatan al grupo de Ulric, que realmente han sido enviados para acabar con un nigromante que se oculta una aldea en los pantanos. A pesar de todo, Osmund decide seguir con ellos el viaje ya que su prioridad es encontral a Averill.
Durante el trayecto hasta Dentwich se suceden escenas dantescas que van desde aldeas abandonadas y calcinadas para paliar la peste; un compañero del grupo está enfermo y deben darle "misericordia" (léase un estilete bajo la axila); unos aldeanos que acusan a una mujer de bruja y quieren quemarla, o un grupo de penitentes que han sobrevivido a la pestilencia de una aldea. Una vez llegan al bosque y después de haberse adentrado, Osmund se escapa del campamento mientras el resto duerme, en busca de la Cruz de las Mártires, donde acordó verse con Averil, pero lo unico que encuentra es su caballo y ropas manchadas de sangre. En su descuido, es perseguido por un grupo de ladrones e, inconscientemente, los atrae al campamento, desencadenando el consiguiente combate y la muerte de uno de los miembros de la compañía al intentar proteger al novicio, que acabará herido.
Despues del incidente y tras seguir el viaje, llegan a los pantanos, donde deberán dejar la carga que transportan (recordemos que llevan na maquina de tortura a cuestas) y continuarán hasta llegar a su destino.
Con la excusa de pasar la noche y descansar, la compañía permanecerá en el pueblo en busca del nigromante. Es entonces cuando la mujer del jefe de la aldea entra en escena y cura las heridas de Osmund. La mujer intetará embaucar al joven y le muestra el cadáver de Averill y le guía hasta una reunión de mujeres donde ve a cómo el cuerpo sin vida de la joven se levanta. Mientras, el resto del grupo será fruto de una trampa y caerán drogados, para despertarse y ser presos y torturados hasta que decidan abandonar su fé.
Hasta aquí voy contar, ya que no quiero destriparle el final a nadie. Pero bueno, brujas, torturas, ladrones, enfermedad, decadencia... esto me suena a 3 cosas: Aquelarre; Edad Oscura y Anno Domini. Pero como una imagen vale más que todo el rollo que os acabo de soltar, aquí os dejo el trailer.
Y de regalo os dejo un par de espectaculares Posters que el dibujante de comics británico Simon Bisley (Lobo; Slaine) hizo para la película:

18 de julio de 2011
De cómo salvóse el corregidor de la Castilla de su vil muerte
El texto que se presenta a continuación fué encontrado la semana pasada entre los archivos de la Biblioteca Nacional. Se trata de un texo escrito alrededor del año 1340, justo después de que Yusuf I derrotase a la flota Castellana del almirante Jofre Tenorio. La autora se llama Auria de Onís, ya se han encontrado textos de la misma sobre temas de herbología y medicina. La peculiaridad de este exto respecto a otros de la misma autora es que éste se trata de un diario de viaje de la autora. Si bien el texto es bastante amplio, adjunto una entrada del mismo, el cual relata un incidente sucedido en la localidad murciana de Lorca, del cual ya teníamos conocimiento del mismo por algunos fajos del archivo municipal, pero carecíamos de la información exhaustiva y detallada del hecho que nos ha proporcionado este documento. Debido al estado del texto me veo obligado a hacer una transcripción del mismo para conservarlo y para facilitar su comprensión:
Decimo y sexto de Junio del año de mil trescientos y cuarenta de Nuestro Señor.
Partimos mi hermano e yo desde el puerto de Mazarrón tras la derrota en mar camino de Galicia. Cuando vimos los muros y el castillo de Lorca era media mañana, llegando a ella para comer.
Hospedamonos en la posada del Cuervo Negro, regentada por Maese Pedro y dispusimonos a conversar en una mesa. Presto comenzaron a llegar parroquianos, llamónos la atención la entrada de un hombre bastante bajo e con aspectodel norte, asi pues, Xose invitóle a nosa mesa. Según se acercaba vimos una horrible quemadura en la cara. Presentóse como Patxi Guijarro, comerciante natural de tierras vascas, venía tamién de Mazarrón e dirigíase a Bilbao. La conversación que dió fué agradable y no tardaron en hacer buenas migas mi hermano y él.
Poco después, e seguramente llamado por el estruendo de la voz de Xose e Patxi, presentóse a nuestra mesa un joven que hubo llegado despues de nosotros. Era joven, más bajo que mi hermano, pero no tanto como Patxi; llevaba espada al cinto e también parecía soldado. Llamóse Pedro Marín, y era alguacil de la ciudad de Toledo. Ofreciónos guardar camino hasta Albacete, proponiendose como guarda en caso de que los bereberes atacaren nuestro grupo. Antes de que le diésemos respuesta, de nuevo apareció un hombre en la entrada de la casa. Al instante Xose se levantó con brazos abiertos en dirección al nuevo comensal. Tratábase de Cibrao de la Rosiña, compañero de navío en los pasados días y vecino de tierras gallegas, asique presto ofrecimosle silla y de nuestra mesa. Conversamos los cinco de la vuelta al hogar. Se acordó seguir la idea de Cibrao: buscar de oficio en Lorca para costear los pasajes de galera al norte, cosa que a Pedro no le agradó.
Al rato de comer dispusimos a visitar la plaza en busca de ingreso, más al salir Xose chocóse en la puerta de la del Cuervo con un alma bien vestida; a punto Xose estuvo de atizar al pobre desgraciado, pero raudo pidió nuestra ayuda, pues decía que perseguíanle. Salimos pues de la casa, mas al girar a un callejón asió a Xose por los cuellos de la camisa y muy nervioso dió suplicas de ayuda, de que debía acabar con unos hombres que decía enemigos de su familia y que disponoiase a pagar lo que fuere por ello. Patx, Pedro y Cibrao tranquilizaron al hombre y a la bestia que era Xose en ese momento, y tras dialogar acordamos de precio los cinco pasajes de Galera. Asique tras el incidente decidimos seguir a nuestro contratador.
Entramos por una corrala hsta llegar a una habitación; el hombre de las ropas acomodóse tras una mesa junto a otros dos no peor vestidos que él.
La dialéctica limitose al acuerdo que nos disponíamos a aceptar. Habíamos de matar a dos hombres, jinetes ambos, a la noche, posiblemente acompañados de tres o cinco hombres de armas para el camino. El precio se acordó en ciento maravedís por boca e los pasajes de galera, pagando cincuenta monedas al momento.
Al salir dirigimonos a la plaza, donde comenzaban a colgar pendones de las balconadas e ventanas. Preguntamos el por qué de los festejos, e una vieja dixome de que a la noche venía don Diego de Córdoba, corregidor de la Castilla e que venía a tratar temas de impagares de Lorca.
Partimos despues a los extramuros para preparar nuestro menester de la noche e pensamos en emboscar el camino a la llegda de los jinetes. A la vuelta de Lorca entramos en una taberna a refrescar la gargante. Allí dixonos el tabernero de los problemas de Lorca desde que Fernando Martinez regentaba el cabildo e de los problemas con los impuestos que daba la ciudad al nuestro rey. Entonces irrumpieron tres guardias en la posada seguidos por uno de los contratistas de la corrala, e se dispuso a interponer denuncia de que nos disponíamos a asesinar al Corregidor, e unieronse al grupo otros tres guardias que estaban de beber a nuestro lado.
Entonces de esto Pedro dirigiose al grupo de soldados e tras disponer de unas palabras, golpeó en la pierna de un soldado, cercenandola e caiendo el guardia al suelo, e dispusimonos a correr, e salimos a la calle por la puerta trasera de la taberna, mas no teníamos perseguidores. Seguimos hasta las puertas de Lorca para continuar la labor, más en la puerta vimos cómo se reunía el hombre con más guardias e nos pidieron presos, e nos entregamos e nos quitaron las armas.
Salimos de lorca escoltados por la guardia e el hombre, más ellos salieron con nos. Al rato vimos de dos jinetes en el camino e de diez ballesteros reales que acompañabanles. Uno de los jinetes se presenta como Don Diego de Córdoba, e habla al hombre de las ropas como Íñigo. Tras cambiar palabras ambos, Iñigo lo invita a visitar Las Atalayas e dirigimonos los treinta y siete hacia allí.
Las Atalayas tratabase de cuatro torres que cerrabanse formandose en un solo cuerpo e donde en cada torre disponíase un ballestero. Allí nos encontrabamos los treinta y siete cuando Xose advirtió a Don Diego de que querían darle muerte, e un guardia atacó a un ballestero. Entonces comenzó la disputa e presos nos, tratamos de facernos con nuestras armas. Pedro lanzóme un trozo de flecha que habiase escondido en el peto e presto él robóle la espada a un guardia. Mientras Patxi disponíase a apartarse de la pelea, Xose e Cibrao peleabanse con los guardias que asían sus enseres e yo le clavé la punta al guardia que custodiaba mi arco, hiriendo profundo he facindole sangrar. E de esto que recuperamos nosas armas e Xose intentó herir al guardia, más en la confusión del combate, agachóse el maldito e hirió a Cibrao en la espalda, e cayó al suelo. E mientras Iñigo disponíase a tirar a Don Diego del caballo, e Patxi desdel fondo lanzó un brasco que dióle al traidor en el brazo e empezóle a salir humo, e yo aprobexé e le disparé, hiriendolo en el pecho, e Don Diego presto apuñalóle en el hombro. E cayó muerto. Entonces que cesó la disputa e que el Corregidor dirigióse a nos e nos pidió los nombres, e nos compensó con los pasajes de Galera e pagonos cien monedas.
Desto ha ya quince dias. Patxi, Xose e yo partimos en galera el norte, e Cibrao que esta herido también. Pedro quedóse en tierra e recibió montura e guardia para volver a Toledo.
E así es cómo salvóse el Corregidor de Castilla e de cómo los rufianes Iñigo e Fernando Martinez pagaron sus fechorías.
Decimo y sexto de Junio del año de mil trescientos y cuarenta de Nuestro Señor.
Partimos mi hermano e yo desde el puerto de Mazarrón tras la derrota en mar camino de Galicia. Cuando vimos los muros y el castillo de Lorca era media mañana, llegando a ella para comer.
Hospedamonos en la posada del Cuervo Negro, regentada por Maese Pedro y dispusimonos a conversar en una mesa. Presto comenzaron a llegar parroquianos, llamónos la atención la entrada de un hombre bastante bajo e con aspectodel norte, asi pues, Xose invitóle a nosa mesa. Según se acercaba vimos una horrible quemadura en la cara. Presentóse como Patxi Guijarro, comerciante natural de tierras vascas, venía tamién de Mazarrón e dirigíase a Bilbao. La conversación que dió fué agradable y no tardaron en hacer buenas migas mi hermano y él.
Poco después, e seguramente llamado por el estruendo de la voz de Xose e Patxi, presentóse a nuestra mesa un joven que hubo llegado despues de nosotros. Era joven, más bajo que mi hermano, pero no tanto como Patxi; llevaba espada al cinto e también parecía soldado. Llamóse Pedro Marín, y era alguacil de la ciudad de Toledo. Ofreciónos guardar camino hasta Albacete, proponiendose como guarda en caso de que los bereberes atacaren nuestro grupo. Antes de que le diésemos respuesta, de nuevo apareció un hombre en la entrada de la casa. Al instante Xose se levantó con brazos abiertos en dirección al nuevo comensal. Tratábase de Cibrao de la Rosiña, compañero de navío en los pasados días y vecino de tierras gallegas, asique presto ofrecimosle silla y de nuestra mesa. Conversamos los cinco de la vuelta al hogar. Se acordó seguir la idea de Cibrao: buscar de oficio en Lorca para costear los pasajes de galera al norte, cosa que a Pedro no le agradó.Al rato de comer dispusimos a visitar la plaza en busca de ingreso, más al salir Xose chocóse en la puerta de la del Cuervo con un alma bien vestida; a punto Xose estuvo de atizar al pobre desgraciado, pero raudo pidió nuestra ayuda, pues decía que perseguíanle. Salimos pues de la casa, mas al girar a un callejón asió a Xose por los cuellos de la camisa y muy nervioso dió suplicas de ayuda, de que debía acabar con unos hombres que decía enemigos de su familia y que disponoiase a pagar lo que fuere por ello. Patx, Pedro y Cibrao tranquilizaron al hombre y a la bestia que era Xose en ese momento, y tras dialogar acordamos de precio los cinco pasajes de Galera. Asique tras el incidente decidimos seguir a nuestro contratador.
Entramos por una corrala hsta llegar a una habitación; el hombre de las ropas acomodóse tras una mesa junto a otros dos no peor vestidos que él.
La dialéctica limitose al acuerdo que nos disponíamos a aceptar. Habíamos de matar a dos hombres, jinetes ambos, a la noche, posiblemente acompañados de tres o cinco hombres de armas para el camino. El precio se acordó en ciento maravedís por boca e los pasajes de galera, pagando cincuenta monedas al momento.
Al salir dirigimonos a la plaza, donde comenzaban a colgar pendones de las balconadas e ventanas. Preguntamos el por qué de los festejos, e una vieja dixome de que a la noche venía don Diego de Córdoba, corregidor de la Castilla e que venía a tratar temas de impagares de Lorca.
Partimos despues a los extramuros para preparar nuestro menester de la noche e pensamos en emboscar el camino a la llegda de los jinetes. A la vuelta de Lorca entramos en una taberna a refrescar la gargante. Allí dixonos el tabernero de los problemas de Lorca desde que Fernando Martinez regentaba el cabildo e de los problemas con los impuestos que daba la ciudad al nuestro rey. Entonces irrumpieron tres guardias en la posada seguidos por uno de los contratistas de la corrala, e se dispuso a interponer denuncia de que nos disponíamos a asesinar al Corregidor, e unieronse al grupo otros tres guardias que estaban de beber a nuestro lado.
Entonces de esto Pedro dirigiose al grupo de soldados e tras disponer de unas palabras, golpeó en la pierna de un soldado, cercenandola e caiendo el guardia al suelo, e dispusimonos a correr, e salimos a la calle por la puerta trasera de la taberna, mas no teníamos perseguidores. Seguimos hasta las puertas de Lorca para continuar la labor, más en la puerta vimos cómo se reunía el hombre con más guardias e nos pidieron presos, e nos entregamos e nos quitaron las armas.Salimos de lorca escoltados por la guardia e el hombre, más ellos salieron con nos. Al rato vimos de dos jinetes en el camino e de diez ballesteros reales que acompañabanles. Uno de los jinetes se presenta como Don Diego de Córdoba, e habla al hombre de las ropas como Íñigo. Tras cambiar palabras ambos, Iñigo lo invita a visitar Las Atalayas e dirigimonos los treinta y siete hacia allí.
Las Atalayas tratabase de cuatro torres que cerrabanse formandose en un solo cuerpo e donde en cada torre disponíase un ballestero. Allí nos encontrabamos los treinta y siete cuando Xose advirtió a Don Diego de que querían darle muerte, e un guardia atacó a un ballestero. Entonces comenzó la disputa e presos nos, tratamos de facernos con nuestras armas. Pedro lanzóme un trozo de flecha que habiase escondido en el peto e presto él robóle la espada a un guardia. Mientras Patxi disponíase a apartarse de la pelea, Xose e Cibrao peleabanse con los guardias que asían sus enseres e yo le clavé la punta al guardia que custodiaba mi arco, hiriendo profundo he facindole sangrar. E de esto que recuperamos nosas armas e Xose intentó herir al guardia, más en la confusión del combate, agachóse el maldito e hirió a Cibrao en la espalda, e cayó al suelo. E mientras Iñigo disponíase a tirar a Don Diego del caballo, e Patxi desdel fondo lanzó un brasco que dióle al traidor en el brazo e empezóle a salir humo, e yo aprobexé e le disparé, hiriendolo en el pecho, e Don Diego presto apuñalóle en el hombro. E cayó muerto. Entonces que cesó la disputa e que el Corregidor dirigióse a nos e nos pidió los nombres, e nos compensó con los pasajes de Galera e pagonos cien monedas.
Desto ha ya quince dias. Patxi, Xose e yo partimos en galera el norte, e Cibrao que esta herido también. Pedro quedóse en tierra e recibió montura e guardia para volver a Toledo.
E así es cómo salvóse el Corregidor de Castilla e de cómo los rufianes Iñigo e Fernando Martinez pagaron sus fechorías.
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